Las perforaciones han acompañado al hombre a
través de su historia, algunas de ellas tienen
un significado sorprendente, mientras otras sólo
se han incorporado con fines estéticos.
En su origen el body piercing fue la manera que tenía
el hombre de demostrar su valentía sometiéndose
al dolor de ser atravesado por astillas de hueso o madera.
Hoy, su función, aparte de decorativa, va encaminada
a la experimentación de nuevas sensaciones.
No hay duda que los humanos se han perforado desde hace
siglos. La oreja, nariz o septum son las perforaciones
más comunes que podemos apreciar en textos antropológicos
o en revistas.
Casi en todo lado, las perforaciones del lóbulo
son las más comunes. Actualmente, ni en los hombres
son mal vistas como sucedía hace años.
En los últimos años nada ha captado más
la atención como la perforación en el labio
y la lengua. Hoy en día es una de las más
populares.
Otra perforación muy “cotizada” es
la de la nariz, la cual aparece en un sin número
de culturas, esta desde hace años es aceptada dentro
de la sociedad actual para hombres y mujeres.
Las perforaciones de los pezones tienen gran tradición.
Los romanos usaban argollas en ellos como símbolo
de coraje y virilidad, además de accesorio para
su vestimenta, pues las empleaban para amarrar sus capas.
También era muy común entre las mujeres
de alta sociedad en la época victoriana, ya que
las empleaban para alargar y agrandar sus pezones y con
ello conseguir mayor estimulación sexual. Hoy en
día, la perforación de los pezones se utiliza
básicamente para provocar la estimulación
sexual.
El ombligo perforado es símbolo de realeza en el
viejo Egipto. El efecto visual de esta perforación
es sensual y provoca una mirada en la zona pélvica.
Las perforaciones en el clítoris aún no
son tan comunes. La principal razón es que existen
pocas mujeres con el clítoris suficientemente largo
(aproximadamente de 6 mm) para perforarlo.
El clithood (tejido ubicado sobre el clítoris)
es una de las perforaciones más nuevas y populares
entre las mujeres. Al igual que el clítoris se
puede perforar horizontal o verticalmente, de acuerdo
con la anatomía de la mujer. Se recomienda una
argolla pequeña que pueda recargarse directamente
sobre el clítoris para provocar así una
placentera sensación al caminar o durante el acto
sexual.
Aunque muchas personas gusten de las perforaciones, temen
al dolor, el cual siempre se presenta pero en una forma
mucho menor a lo que la mayoría cree. Es por ello
que generalmente no se utiliza anestesia. Los porcentajes
de infección son mínimos ya que depende
del profesional al que visite y el cuidado que la persona
dé a la perforación.